Sube el precio de la gasolina y sube el costo de vida
No es la gasolina. O al menos, no es solo la gasolina. Cada vez que escucho que el precio de la gasolina sube, ya sé lo que viene después: el taxista que cobra más, el señor del mercado que ajusta “un poquito” los precios, el transporte que se encarece sin mucho aviso. Y al final, somos todos los que terminamos pagando mucho más de lo que parecía al inicio.
Sabemos que va a pasar, sabemos cómo nos va a afectar, y aun así se siente como si no hubiera nada que hacer. Poco a poco, el tema del dinero se vuelve más incómodo, más pesado, más difícil de sostener con el paso del tiempo.
Y eso pesa más cuando uno mira los números. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en 2026 la canasta básica ya supera los 800 dólares mensuales mientras que el salario básico está alrededor de los 480. Entonces, cuando sube la gasolina y con ella el transporte, los alimentos y otros servicios, esa diferencia se agranda y el pueblo ecuatoriano lo siente.
Hay algo especialmente frustrante en cómo estos cambios se sienten tan grandes en la vida diaria pero tan pequeños en el discurso oficial. Se habla de ajustes, de porcentajes, de decisiones necesarias. Pero en mi día a día, eso se traduce en elegir: gastar en transporte o en comida, ahorrar o salir, resolver el presente o pensar en el futuro. Y casi siempre gana el presente, porque no hay mucho margen para otra cosa.
Además, estos aumentos nunca llegan solos. Se suman a otros gastos que ya venían subiendo, a ingresos que no crecen al mismo ritmo, a una sensación constante de estar corriendo detrás de algo que siempre se aleja un poco más. Uno empieza a hacer cuentas mentales todo el tiempo, a medir cada decisión, a preguntarse si realmente vale la pena.
A veces pienso que lo más duro no es el aumento en sí, sino la acumulación. No es un solo golpe, son varios pequeños que se van sumando hasta cambiar la forma en que vivimos. Y uno termina adaptándose, sí, pero a una versión más limitada de la vida, donde todo se mide, todo se calcula y todo alcanza con las justas.
Cuando sube el precio de la gasolina, baja la tranquilidad del pueblo ecuatoriano. Y eso, aunque no aparezca en ninguna cifra, es lo que más pesa.
