Ecuador recibe Coca Codo Sinclair pese a fallas estructurales y cuestionamientos técnicos
El Estado ecuatoriano firmó la recepción definitiva de la mayor hidroeléctrica del país el 17 de abril de 2026, cerrando un conflicto internacional, aunque se mantienen las dudas sobre su estado estructural.

Imagen de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, cortesía de Corporación Eléctrica Ecuador.
La Central Hidroeléctrica Coca Codo Sinclair inició su construcción en julio de 2010 con el objetivo de garantizar la autosuficiencia energética de Ecuador. Tras una década de operación, el proceso de recepción definitiva de la obra se formaliza en un contexto marcado por cuestionamientos técnicos y operativos que aún persisten.
El Estado ecuatoriano, a través de la Corporación Eléctrica del Ecuador (CELEC), firmó el acta de recepción definitiva con la empresa china Sinohydro el 17 de abril de 2026. Según información oficial difundida por CELEC y recogida por medios nacionales, este paso marca el cierre de un proceso contractual que se mantuvo pendiente durante años.
Sin embargo, la firma llega en medio de cuestionamientos que no desaparecen.
Una obra recibida con fallas documentadas
Desde 2019, informes de la Contraloría General del Estado advirtieron sobre la existencia de miles de fisuras en componentes clave de la central, especialmente en los distribuidores de las turbinas. En ese momento, el organismo recomendó no proceder con la recepción definitiva hasta que los problemas fueran completamente solucionados.
A pesar de estas advertencias, el proceso avanzó.
La decisión se da en el contexto de un arbitraje internacional entre Ecuador y Sinohydro. El acuerdo legal alcanzado en abril de 2026 permitió cerrar la disputa y viabilizar la firma del acta.
Entre la presión legal y la necesidad energética
La central Coca Codo Sinclair no es una obra menor. Tiene una capacidad instalada de 1.500 megavatios y representa una parte clave del sistema energético nacional. Su operación ha sido fundamental para el suministro eléctrico del país.
Desde el Gobierno ecuatoriano, la recepción ha sido planteada como una solución necesaria frente a un conflicto prolongado. Según las declaraciones, se trata de una decisión que busca cerrar un problema heredado y garantizar estabilidad jurídica.
Pero el debate no se detiene ahí, los cuestionamientos se sustentan en informes técnicos y observaciones previas de organismos de control, que han señalado riesgos asociados a las fisuras detectadas. Aunque la central continúa operando, la discusión se traslada ahora al manejo de estos problemas a largo plazo.
“Ecuador mantiene garantías económicas también, no se libera el pago hasta que la obra funcione correctamente.” —Inés Manzano, ministra de Ambiente y Energía de Ecuador
⚡[IMPORTANTE]
📍 La central Coca Codo Sinclair es de propiedad al 100% de todos los ecuatorianos. El pago no se libera hasta que esta importante hidroeléctrica funcione correctamente.
Trabajamos para satisfacer los intereses de los ecuatorianos.#ElNuevoEcuador pic.twitter.com/1pMw3ckccg
— Ministerio de Ambiente y Energía (@EcuadorMAE) April 19, 2026
El cierre de un capítulo que aún genera preguntas
El acuerdo con Sinohydro pone fin a una disputa contractual que se extendió por más de una década. Sin embargo, no resuelve completamente las dudas sobre la calidad de la obra ni sobre las decisiones que llevaron a su recepción en estas condiciones.
Coca Codo Sinclair sigue siendo, al mismo tiempo, una pieza clave del sistema eléctrico ecuatoriano y uno de los proyectos más cuestionados de su historia reciente. El acta ya está firmada. El conflicto legal, cerrado. Pero las fisuras (técnicas y políticas) siguen ahí. Y la pregunta que queda abierta no es si la obra funciona, sino cuánto costará sostenerla con el paso del tiempo.

Imagen de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, cortesía de Corporación Eléctrica Ecuador.
