febrero 25, 2026

Estudiantes universitarios en la mira de las bandas criminales

La seguridad en zonas aledañas a la ESPE y la USFQ genera preocupación


La creciente ola de criminalidad en el país ha convertido las zonas aledañas a la ESPE y la USFQ en puntos vulnerables para los estudiantes, víctimas  frecuentes de robos, asaltos y microtráfico. Aunque la seguridad interna es efectiva, afuera persisten riesgos que afectan no solo el patrimonio, sino también la tranquilidad y la percepción de seguridad de la comunidad universitaria.

Campus de la ESPE y USFQ // Foto de Juan José Balseca

La inseguridad en Quito y sus valles ha alcanzado niveles alarmantes: solo en 2025 se registraron 6.799 denuncias por robos a personas en la provincia de Pichincha,  el 93,48 % de esos casos ocurrieron en Quito y sus valles, según datos oficiales del sistema «Analítica» de la Fiscalía General del Estado (informe publicado por la Fiscalía General del Estado). Esto refleja una tendencia creciente de delitos que superan las capacidades actuales de prevención, poniendo en peligro en gran parte a los estudiantes universitarios.

La Universidad de las Fuerzas Armadas (ESPE), en el Valle de Los Chillos, y la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), en Cumbayá, son dos de las instituciones más importantes del sector. Ambas concentran a miles de estudiantes quienes ingresan diariamente  a los campus con estrictos protocolos de control. Sin embargo, al salir de clases, muchos de ellos quedan expuestos a un entorno donde el robo, el microtráfico e incluso el secuestro exprés forman parte de una realidad cada vez más frecuente.

La creciente ola de criminalidad en el país ha convertido las zonas aledañas a estas instituciones en puntos estratégicos para bandas delictivas que identifican a los estudiantes como víctimas potenciales, en gran parte porque portan dispositivos electrónicos de alto valor y mantienen rutinas previsibles.

Seguridad sólida dentro del campus

Tanto la ESPE como la USFQ mantienen sistemas de seguridad estructurados. El ingreso está controlado, se registran visitantes y existe monitoreo constante mediante cámaras y personal de vigilancia.

Una fuente cercana a la Fuga y ubicada en el sector de los valles, destaca una característica diferenciadora: “Una característica única de la universidad es el apoyo de fuerzas armadas, por lo que existe contingente militar que refuerza la seguridad física de la institución”. (No mencionamos el nombre de la fuente por motivos de seguridad)

El objetivo de las universidades es claro: mitigar la presencia de criminales y generar un entorno de tranquilidad dentro de las instalaciones. Fernando Herrera, docente de la ESPE, confirma esa percepción. “El ambiente en el interior y el exterior es muy distinto. Por dentro la seguridad es muy efectiva. Durante años no se han registrado casos relacionados con crimen organizado debido a las estrictas medidas que toman las autoridades encargadas”.

La situación interna en la USFQ es similar. Estudiantes y profesores coinciden que el campus ofrece un entorno seguro y controlado. No se han registrado hechos graves que alteren la armonía institucional. El problema comienza afuera de las instalaciones, en las zonas aledañas, una vez que se cruzan los limites físicos de las universidades.

Transporte público: el eslabón más débil

La transición entre el campus y la vía pública es el punto más vulnerable. Herrera explica que “afuera, debido a la situación que vive el país, se han generado situaciones relacionadas al robo de dispositivos por parte de carteristas, específicamente en los buses públicos que son muy utilizados por los estudiantes”.

En la ESPE, los docentes cuentan con transporte privado proporcionado por la institución, lo que reduce su exposición al riesgo. En cambio, los estudiantes no disponen de ese servicio. La mayoría utiliza transporte público que se toma en una única parada cercana al ingreso principal.

Aunque la universidad permite el ingreso de buses privados para quienes pueden pagar ese servicio, no todos tienen acceso a esta opción. Esto convierte la parada principal en un punto crítico donde se concentran estudiantes en horarios específicos, situación que facilita la acción de los delincuentes.

En la USFQ, el panorama es similar. La institución ofrece transporte privado en horarios determinados, lo que ayuda a reducir riesgos. No obstante, muchos estudiantes terminan sus actividades cuando el servicio no está disponible y optan por buses públicos, también concentrados en una parada cercana a la universidad, donde se han registrado robos por parte de carteristas.

Microtráfico y presencia de bandas organizadas

El problema no se limita al hurto de celulares o billeteras. Nuestra fuente cercana del sector de los valles, confirma que en las afueras de la ESPE se detectó la presencia de la banda “Los Lobos”, quienes, según explica, “se dedicaban a vender droga a los estudiantes y se camuflaban en una vivienda cercana a las instalaciones”.

La presencia de esta organización evidencia que los alrededores universitarios pueden convertirse en espacios estratégicos para actividades de mayor complejidad delictiva.

Peña también identifica un punto frágil conocido como “El Retén”, un trayecto de aproximadamente 400 metros donde se han registrado asaltos e intimidaciones. Según indica, la universidad, en coordinación con la Policía Nacional, ha tomado medidas para evitar que estos hechos se repitan de forma constante. A pesar de esto, empresas de seguridad privada que operan en el sector advierten que la problemática persiste.

Marco Andrade, gerente de Xito Security, asegura que han sido testigos de estudiantes víctimas de asaltos en zonas cercanas a la ESPE. Además, menciona casos de secuestro exprés donde los vehículos son abandonados en las afueras del Hipermarket, un supermercado ubicado a dos kilómetros del campus.

Andrade enfatiza que la actividad criminal ha aumentado drásticamente y señala una debilidad adicional: la falta de cultura de autoprotección tanto en estudiantes como en comercios cercanos. “Hace 15 días hubo un asalto a mano armada en un local ubicado al frente de la ESPE”, afirma.

Cumbayá: cuando la percepción de seguridad se rompe

En el caso de la USFQ, varios estudiantes identifican lugares como “El Reservorio” como puntos estratégicos para la actividad delictiva. Aunque se trata de una zona cercana a la institución, el ambiente es descrito como inseguro. Lo más preocupante, según relatan, es que incluso en sectores donde existen cámaras de seguridad y una Unidad de Policía Comunitaria se han registrado hechos que afectan la tranquilidad estudiantil.

El caso de Gael Pineda y Anahí Ganan es uno de los más recientes. Ambos, estudiantes de Periodismo de la USFQ, fueron asaltados hace dos semanas en la bajada de la explanada, cerca del Paseo San Francisco, a cuatro minutos a pie del campus. Bajo intimidación, les sustrajeron computadoras, celulares y billeteras. Las pérdidas superaron los 1.200 dólares.

Si bien el equipo de seguridad universitaria logró recuperar parte de las pertenencias y dar con los responsables, el impacto fue profundo.

“Perdí todos mis trabajos, respaldos de toda mi vida académica, pero sobre todo perdí mi paz para circular en zonas donde tengo que transitar obligatoriamente a diario”, afirma Anahí.

Gael perdió documentos personales y proyectos académicos. Más allá del valor económico, señala que cambió su percepción del sector. “La realidad es diferente a como nos la presentan y uno se va dando cuenta con el tiempo, hay que tener mucho cuidado”.

Anahí Ganan y Gael Pineda con botones de auxilio proporcionados por la USFQ tras lo sucedido // Foto de Juan José Balseca
Comunicación en redes: un arma de doble filo

Uno de los aspectos más delicados que mencionan los estudiantes es la forma en que se comunica la información de seguridad.

Ambos (Gael y Anahí) reconocen y agradecen la actuación del equipo de seguridad institucional, no obstante, consideran que es necesario implementar jornadas más extensas de monitoreo alrededor de la universidad y fortalecer la comunicación directa con los estudiantes mediante charlas presenciales.

Actualmente, gran parte de la información preventiva se difunde a través de redes sociales. Según Gael y Anahí, esto podría haber generado un efecto contraproducente.

“Ellos ya conocían ciertas señales de auxilio y nos amenazaron con no realizarlas, lo vieron en las redes sociales de la USFQ”, indican.

Este elemento introduce un nuevo desafío: cómo informar y prevenir sin exponer protocolos que puedan ser utilizados por los propios delincuentes.

Las pérdidas económicas son evidentes. Sin embargo, el impacto psicológico es más difícil de medir. La sensación de vulnerabilidad altera rutinas, limita la movilidad y modifica decisiones cotidianas. Algunos estudiantes evitan permanecer en el sector después de clases; otros cambian horarios o rutas para reducir riesgos. La tranquilidad, que antes se daba por sentada, ahora depende del contexto y la hora del día, aun que esto ya no es un índice seguro, ya que el caso de Gael y Anahí ocurrío a las 3 de la tarde.

El desafío pendiente

Ambas instituciones aseguran un bienestar dentros de cada campus y consideran que el nuevo reto es expandir esa sensación de seguridad en los alrededores. La combinación de transporte público, zonas poco iluminadas, concentración de estudiantes y presencia de bandas delictivas convierte estos sectores en objetivos estratégicos.

Autoridades universitarias, empresas de seguridad y estudiantes coinciden en que es necesario reforzar la coordinación con la Policía Nacional, mejorar el patrullaje y fortalecer la cultura de autoprotección. La pregunta que permanece abierta es: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de las universidades y dónde comienza la del Estado?

Lo cierto es que, mientras se definen estrategias más amplias, miles de estudiantes continúan transitando diariamente por estos sectores, con la esperanza de que la seguridad no termine en la puerta del campus.