febrero 2, 2026

Educación superior y tecnología

La inteligencia artificial en la vida universitaria


Estudiante y profesores incorporan la inteligencia artificial en sus rutinas académicas. Entre el apoyo al aprendizaje y los dilemas éticos, la (IA) abre un debate sobre su uso responsable dentro del aula universitaria.

Foto generada en IA por Esteban Mena

En las aulas universitarias, la inteligencia artificial dejó de ser una novedad para convertirse en una herramienta cotidiana. Estudiantes la usan para estudiar y redactar sus trabajos, mientras profesores exploran su potencial de aprendizaje, en medio de un debate sobre sus límites, riesgos y usos responsable.

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una de las herramientas más influyentes en la vida cotidiana de los estudiantes universitarios. Su presencia ya no se limita a grandes empresas tecnológicas o laboratorios especializados, sino que hoy forma parte del día a día académico, desde la elaboración de tareas hasta el análisis de información compleja. En los pasillos universitarios, el debate sobre su uso crece. ¿Es una ayuda necesaria o un riesgo para el aprendizaje?

Para conocer distintas perspectivas sobre el uso de la inteligencia artificial, se recogieron testimonios de estudiantes y docentes de diferentes áreas, quienes compartieron su opinión sobre los beneficios, límites y riesgos de esta tecnología.

Isaac Guijarro, estudiante de Comunicación de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), considera que la inteligencia artificial es una herramienta fundamental en la actualidad. Según él, la IA sirve como un apoyo constante en los estudios, ya sea para deberes, trabajos o cualquier tipo de actividad académica. “Es una herramienta que nos ayuda mucho para todos los estudios. Cualquier apoyo en deberes o trabajos es válido, y creo que ahora es muy necesaria porque ya es parte de nuestra vida”, afirma. Para Guijarro, la inteligencia artificial se ha integrado de tal forma en la rutina universitaria que resulta difícil imaginar el estudio sin su apoyo.

Desde otra perspectiva estudiantil, Mateo Jácome, alumno de Negocios Internacionales en la USFQ, pone el foco en el mal uso de la inteligencia artificial. Él reconoce que existen prácticas incorrectas, especialmente cuando se utiliza en exámenes o en actividades donde no está permitido. Sin embargo, señala que el problema no es la herramienta en sí, sino el criterio de quien la usa. “Depende de ciertos casos. Usarla para exámenes está mal, pero creo que en la actualidad es más una necesidad. Todo depende del criterio de la persona”, comenta. Esta postura refleja una visión equilibrada.

La visión de los docentes aporta un enfoque más profundo sobre el impacto de la inteligencia artificial en el proceso de aprendizaje. Nicolás Larrea, profesor de Ingeniería Química del POLI-USFQ, explica que la inteligencia artificial generativa puede ser una gran aliada cuando se utiliza de manera adecuada. Él emplea como un recurso para que sus estudiantes generen gráficos o herramientas que faciliten la comprensión de los contenidos. “Si es bien utilizada, es una herramienta que puede ayudar a muchos y generar conocimiento”, señala.

No obstante, el profesor Larrea advierte que el problema surge cuando no existe un razonamiento detrás del uso de la IA. Para él, pedirle a la inteligencia artificial que haga todo el trabajo sin entender los conceptos va en contra del aprendizaje. “Cuando no hay un pensamiento atrás del uso, no fomentamos el proceso de aprendizaje. De nada sirve que alguien que no entienda el concepto la utilice solo para entregar algo”, enfatiza. En este punto, el docente alerta sobre riesgos como el plagio y la pérdida del pensamiento crítico.

En el área de la salud, el uso de la inteligencia artificial se analiza con aún más cautela. Ana Cristina Viteri, profesora de Odontología, explica que la IA es un recurso importante, especialmente para la revisión de artículos científicos y el apoyo teórico. Sin embargo, recalca que en los procedimientos clínicos se deben seguir estrictamente guías internacionales y protocolos establecidos. “Si se aplica de buena manera, es un recurso muy útil, pero si no está bien aplicado puede ser un peligro, sobre todo en Ciencias de la Salud”, advierte.

Las entrevistas muestran un punto en común en la que la inteligencia artificial no es buena ni mala por sí sola. Su impacto depende directamente del criterio de estudiantes y los docentes. Mientras algunos la ven como una herramienta indispensable para optimizar el aprendizaje, otros alertan sobre los riesgos de depender excesivamente de ella y dejar de lado el razonamiento propio.

El reto no está en prohibirla, sino en aprender a usarla de manera ética y responsable. Como coinciden estudiantes y profesores, la clave está en utilizarla como un apoyo y no como un reemplazo del pensamiento crítico. De lo contrario, su uso sin criterios claros podría debilitar los procesos de aprendizaje y generar nuevas brechas dentro de la rutina academica

Fotografía de Esteban Mena
Foto de Esteban Mena