La salud mental en la vida estudiantil
La presión por el futuro profesional, cada vez más universitarios enfrentan ansiedad, agotamiento y dificultades para equilibrar su vida académica y personal. Estudiantes y docentes coinciden en que el desafío actual no es solo aprobar materias, sino cuidar la salud mental durante todo el proceso formativo, en un contexto donde hablar de bienestar emocional empieza a dejar de ser un tabú.
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Aunque el acceso a la educación superior representa una oportunidad de crecimiento personal y profesional, también implica retos que muchas veces no se visibilizan. Cansancio constante, ansiedad por el rendimiento y dificultad para equilibrar estudios, trabajo y vida personal son situaciones frecuentes en entornos universitarios. Estudiantes y docentes coinciden en que hoy el desafío ya no es solo obtener buenas calificaciones, sino sostener la salud mental durante el proceso.
María José Larrea, estudiante de Diseño Gráfico Comunicacional en la USFQ, explica que la estabilidad emocional influye directamente en el desempeño académico y en la capacidad de organizar la vida personal.
Según comenta, cuando una persona atraviesa un periodo emocionalmente estable, resulta más sencillo cumplir responsabilidades y avanzar en proyectos personales. Sin embargo, señala que la presión aumenta al acercarse al mundo laboral, donde ya no solo depende de uno mismo, sino de equipos y responsabilidades compartidas.
Larrea recuerda que, tras graduarse, atravesó un periodo de incertidumbre sobre su futuro profesional, lo que la llevó a buscar apoyo terapéutico. Actualmente, asegura que fijarse metas personales y mantener proyectos activos le permite conservar mayor equilibrio emocional.
Estrés académico y presión por el futuro
Daniela Vaca, estudiante de Psicología en la Universidad San Francisco de Quito, USFQ, señala que muchos jóvenes experimentan altos niveles de estrés debido a la carga académica y a las expectativas propias y familiares.
Explica que existe presión por mantener buenas calificaciones mientras intentan construir un perfil profesional competitivo. A esto se suma la incertidumbre laboral, especialmente en los últimos semestres de carrera.
Aunque cada vez se habla más de salud mental, aún persiste resistencia a buscar ayuda psicológica por temor a ser juzgados. No obstante, Vaca destaca que entre estudiantes empieza a normalizarse pedir apoyo cuando la situación lo requiere.
El papel de los docentes en el bienestar estudiantil
Desde el ámbito académico, algunos docentes reconocen la necesidad de crear espacios más empáticos dentro del aula.
Lorena Lara, profesora de la USFQ, explica que intenta mantener cercanía con sus estudiantes para comprender las dificultades que enfrentan. Señala que la pandemia evidenció la importancia de priorizar el bienestar emocional dentro de los procesos educativos.
Pequeños gestos, como flexibilizar fechas de entrega o abrir espacios de diálogo, pueden marcar diferencias significativas cuando un estudiante atraviesa momentos complicados. Para la docente, acompañar implica no solo impartir contenidos, sino construir ambientes seguros y humanos.
Estrategias cotidianas para cuidar la salud mental
El psicólogo Alejandro Proaño explica que cuidar la salud mental no siempre implica acudir de inmediato a terapia, sino incorporar hábitos saludables en la rutina diaria.
Actividades recreativas, descanso adecuado y espacios personales ayudan a reducir el estrés acumulado y recuperar energía emocional. Muchas personas encuentran alivio en acciones simples como practicar deporte, escuchar música o desarrollar hobbies creativos.
Sin embargo, el especialista enfatiza que reconocer cuándo se necesita ayuda profesional también forma parte del autocuidado.
Aunque la conversación sobre salud mental ha ganado espacio en las universidades, estudiantes y docentes coinciden en que todavía existen limitaciones en el acceso y acompañamiento institucional.
La presión académica y la incertidumbre laboral continúan siendo factores que impactan emocionalmente a los jóvenes. El reto, señalan, no solo recae en el estudiante, sino también en las instituciones educativas, que deben fortalecer políticas y espacios reales de apoyo psicológico.
Hablar de salud mental ya no es opcional: es parte de garantizar que la formación profesional no se construya a costa del bienestar emocional de quienes hoy se preparan para el futuro.

Foto por Anahí Muñoz
